Publicada en diciembre de 2008
-¿Cuándo empieza a funcionar la revista LP se EXPRESA?
La idea de crear una revista me rondaba por la cabeza desde hacía unos años, pero esta idea no cogió forma clara hasta verano de 2006. Yo antes había participado en algún programa de radio como colaborador y tenía una enorme inquietud por aspectos relacionados con la cultura joven. En esa época volvieron a emitir por T.V.E. el mítico programa de los ochenta “La edad de Oro”, presentado por Paloma Chamorro. En él, se entrevistaban a jóvenes que tocaban en grupos de Rock, ilustradores, diseñadores, cineastas, fotógrafos…el universo que aparecía en el programa, sumado a todas mis referencias, me fascinó y me motivó para crear la revista “L.P.SE EXPRESA”. También fue crucial el contacto con la diseñadora Susana Rueda, capaz de ordenar con exquisito gusto el caos inicial de los contenidos.
-¿Cuál es el contenido de la revista?
Es una muestra, un reflejo de lo que hacen muchos jóvenes inquietos en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Parte del contenido tiene que ver con la creación o el arte, pero no se trata de una revista de arte. Junto con la expresión o creación artística, muchas veces de carácter amateur, aparecen entrevistas a grupos musicales, surferos, skaters, dj`s , artículos de opinión, sección para el colectivo literario Nuevepuertas…en fin, la muestra pretendida es muy heterogénea y apunta en varias direcciones.
-¿En qué sitios se distribuye?
En Bibliotecas Públicas, sitios de información cultural, zonas de ocio nocturno: bares de copas, salas de concierto…tiendas que tengan relación con lo que se muestra en la revista, en la Universidad, en la Escuela de Arte…
-Tengo entendido que la revista empezó como un fanzine en el que aparecía el rostro trastocado de la anterior alcaldesa de Las Palmas de G.C…
Sí, es cierto. En el primer número, totalmente autogestionado y cuya salida, a pesar de su simpleza, me supuso un esfuerzo enorme; aparecía la cara de Pepa Luzardo con los ojos tapados por unas tipografías que decían: “God Save the Pepa” y salían también un montón de palabras ininteligibles por su boca. Se trataba de un homenaje a una portada muy similar, pero con la reina de Inglaterra, de los Sex Pistols, y también, una llamada de atención por el total desinterés del Ayuntamiento capitalino de aquel entonces hacia la cultura joven.
-¿Qué son los fanzines?
Se trata de revistas hechas por gente no profesional, para un público no profesional. Suelen caracterizarse por la escasez de medios de las personas que elaboran la revista. Carecen de cualquier intención comercial y, en un principio, estuvieron relacionados con el cúter, el “corta y pega” y la fotocopiadora. Hoy en día, gracias a las ventajas que ofrecen determinados programas informáticos, las manualidades han pasado casi a la historia. Pues bien, “L.P.SE EXPRESA”, empezó como una publicación tipo fanzine, pero ya con ciertas diferencias. Tengo mucho respeto hacia estas publicaciones, por lo que me cuesta llamar fanzine a cosas que no lo son. Hoy en día existen muchas publicaciones autodenominadas como fanzines que distan mucho de serlo.
-A día de hoy, cuentan con la colaboración del Ayuntamiento de Las Palmas de G.C.-Concejalía de Juventud…
Sí, la Concejal Isabel Mena se interesó por el proyecto y han estado colaborando en estos últimos números. Estoy muy agradecido de que esta ayuda se haya producido, hemos podido llegar a mucha más gente, la pena es que por culpa de la crisis se empiezan a escuchar tambores que anuncian el final de esta colaboración. Es una pena porque la publicación se encuentra en pleno auge y la calidad ha aumentado muchísimo. Existen muchos jóvenes que quieren que esto siga, que están interesados en mostrar sus “cositas”. Por una vez que algo de este tipo funciona…hay que joderse. Pero bueno, lo que tengo claro es que ya no voy a parar con este proyecto y que, con o sin ayudas, seguiré mostrando lo que se cuece por esta ciudad.
-¿Este tipo de colaboraciones Ayuntamiento-publicación juvenil, han existido antes?
En el Ayuntamiento de Las Palmas de G.C. no se había dado antes una colaboración con una publicación de este tipo. Sí es cierto que habían colaborado con publicaciones dirigidas a un público joven, universitario…pero no con una revista de vanguardia, próxima a los fanzines y de base underground. Se ha tratado, por tanto, de una experiencia novedosa, de un proyecto piloto. Como ejemplo paradigmático existió en Madrid, en los años de la Movida, una publicación llamada “MADRIZ”, que recogía parte del ambiente joven de aquellos años. Esto fue con el Ayuntamiento de Tierno Galván, pero a diferencia de “L.P.SE EXPRESA”, la revista Madriz tuvo un carácter institucional. Con “L.P.SE EXPRESA” ha existido una libertad total a la hora de seleccionar los contenidos, no han llegado a incidir nunca en la evolución del proyecto.
-¿Quiénes forman L.P.SE EXPRESA?
Somos básicamente dos personas, la diseñadora Susana Rueda “Srta. Zue” y yo. Ahora han empezado a colaborar también Sergio Domínguez, del colectivo de diseño DSNS, para la página web, y Daniel Ruiz, para la filmación y grabación de videos. También está Esther García, Filóloga encargada de la corrección de los textos, y Alejandro Delgado que siempre se ha interesado por este proyecto.
-¿Qué funciones has desempeñado como editor y redactor de L.P.SE EXPRESA?
Me he encargado de buscar y seleccionar los contenidos, redactar los textos, hacer las entrevistas, distribuir los ejemplares, pegar posters, buscar ayudas, publicidades, colaboraciones…
-¿Qué planes tienen para el futuro?
Tenemos pensado hacer una fiesta presentación para el quinto número y mejorar la página web, aumentando los contenidos de ésta. También estamos pensando en poner un puesto de muestra en el rastro, crear un programa de radio…y sobre todo seguir mostrando inquietudes, lo que más nos gusta.
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viernes, 9 de abril de 2010
lunes, 8 de marzo de 2010
Las Palmas de G.C. ciudad de la cultura joven
Publicado en la revista savanah en Noviembre de 2008
Las Palmas de Gran Canaria es una ciudad en pleno proceso de transformación, son muchos los acontecimientos recientes que nos podrían llevar a esta afirmación. El brutal crecimiento de su periferia, el aumento de la población joven por los estudiantes extranjeros de intercambio, la reciente variedad de zonas de ocio nocturno…
La transformación que nos interesa no es la producida por la lamentable destrucción sistemática de los símbolos espirituales de esta ciudad; como su carnaval, sus bares de siempre, sus fachadas históricas… Una de las transformaciones sociales más interesantes e importantes que se ha producido en las últimas décadas ha sido la que han llevado a cabo los jóvenes en el ámbito de la participación en los movimientos culturales.
La cuestión sería ¿podría Las Palmas de G.C. convertirse en una ciudad de referencia en el circuito mundial de la cultura joven?
Ejemplos paradigmáticos de eclosiones culturales de éste tipo, vinculadas a determinadas ciudades, serían, por ejemplo, la irrupción del rock-punk en el 77, en Londres. En este caso, aparte del ya de sobra conocido "háztelo tu mismo" me quedaría con la frase del grupo The Clash: “En 1977 espero ir al cielo”.Cielo que anhelo alcanzar aquí, en la tierra, en mi ciudad, Las Palmas de Gran Canaria.
El ambiente de las ramblas de Barcelona en los años setenta; una amalgama en la que convivían dibujantes de cómic, pintores, actores de teatro independiente, músicos, colgados… conocidos como la gente del “rollo”, me lo imagino a diario por la zona de Triana, con los jóvenes de aquí y de fuera mostrando sus últimas ilustraciones, diseños, tocando sus instrumentos en la calle, realizando pasacalles… pasear así sería más divertido.
El movimiento del “rollo barcelonés” tendría su réplica años más tarde, con una enorme repercusión mediática, en la archiconocida “movida madrileña” y la conocida frase que coincidía con una revista que recogía el espíritu de la época; “Madrid me mata”. Que me mate a mi Las Palmas, para luego poder acceder a ese cielo terrenal, pero que sea ésta una muerte dulce, no la que me produce la inexistencia total del aura que caracterizó a los movimientos antes mencionados. Ese deseo de querer hacer cosas, expresarse, compartir inquietudes, tener la sensación de que se vive una época especial y de que se está en el sitio indicado.
Queda claro que ésta no es una ciudad tan populosa como Madrid, Barcelona o Londres, pero existen muchísimas personas dispuestas a contribuir con su trabajo al enriquecimiento social de la ciudad para convertirla en una urbe aún más cosmopolita. Quizás el principal obstáculo sea la falta de conexión entre los distintos campos expresivos y el predominio de ciertas modas que separan entre las personas que las siguen y los que no lo hacen.
Un movimiento fuerte que aunara a personas que se dediquen a las artes plásticas, al teatro, la danza, el mundo audiovisual, la música, las letras… y que contara también con otros que, sin dedicarse direcyamente a estos temas, disfrutaran con ese ambiente, sería el inicio para que Las Palmas de Gran Canaria pasara, por fin, de ser una ciudad históricamente acomplejada, para empezar a sentirse menos idiota, orgullosa de lo que se hace dentro de sus lindes. Sería cuestión de valorar la expresión en sentido amplio, sin tener que estar siempre haciéndolo en términos de bueno o malo. Cuando se da una situación caracterizada por la aparente falta de inquietudes, lo importante es expresarse, con mayor o menor fortuna, pero expresarse al fin y al cabo. Hacer algo.
Otro movimiento que aún no he mencionado fue el producido en Manchester a inicios de los ochenta donde, apadrinados por el televisivo “Tony Wilson” y el sello discográfico “Factory Records”, unos jóvenes propiciaron el nacimiento del “acid house” y de la cultura “rave”. La frase de moda por aquel entonces era “Quiero ser de Manchester”. Quizás en un futuro cercano, la frase que se escuche por Europa, debido a la cantidad de estudiantes de fuera que han pasado aquí un inolvidable año de sus vidas sea: “Quiero ser de Las Palmas de Gran Canaria”, y es que, sería maravilloso que todos los días se convirtieran en días de Carnaval.
Las Palmas de Gran Canaria es una ciudad en pleno proceso de transformación, son muchos los acontecimientos recientes que nos podrían llevar a esta afirmación. El brutal crecimiento de su periferia, el aumento de la población joven por los estudiantes extranjeros de intercambio, la reciente variedad de zonas de ocio nocturno…
La transformación que nos interesa no es la producida por la lamentable destrucción sistemática de los símbolos espirituales de esta ciudad; como su carnaval, sus bares de siempre, sus fachadas históricas… Una de las transformaciones sociales más interesantes e importantes que se ha producido en las últimas décadas ha sido la que han llevado a cabo los jóvenes en el ámbito de la participación en los movimientos culturales.
La cuestión sería ¿podría Las Palmas de G.C. convertirse en una ciudad de referencia en el circuito mundial de la cultura joven?
Ejemplos paradigmáticos de eclosiones culturales de éste tipo, vinculadas a determinadas ciudades, serían, por ejemplo, la irrupción del rock-punk en el 77, en Londres. En este caso, aparte del ya de sobra conocido "háztelo tu mismo" me quedaría con la frase del grupo The Clash: “En 1977 espero ir al cielo”.Cielo que anhelo alcanzar aquí, en la tierra, en mi ciudad, Las Palmas de Gran Canaria.
El ambiente de las ramblas de Barcelona en los años setenta; una amalgama en la que convivían dibujantes de cómic, pintores, actores de teatro independiente, músicos, colgados… conocidos como la gente del “rollo”, me lo imagino a diario por la zona de Triana, con los jóvenes de aquí y de fuera mostrando sus últimas ilustraciones, diseños, tocando sus instrumentos en la calle, realizando pasacalles… pasear así sería más divertido.
El movimiento del “rollo barcelonés” tendría su réplica años más tarde, con una enorme repercusión mediática, en la archiconocida “movida madrileña” y la conocida frase que coincidía con una revista que recogía el espíritu de la época; “Madrid me mata”. Que me mate a mi Las Palmas, para luego poder acceder a ese cielo terrenal, pero que sea ésta una muerte dulce, no la que me produce la inexistencia total del aura que caracterizó a los movimientos antes mencionados. Ese deseo de querer hacer cosas, expresarse, compartir inquietudes, tener la sensación de que se vive una época especial y de que se está en el sitio indicado.
Queda claro que ésta no es una ciudad tan populosa como Madrid, Barcelona o Londres, pero existen muchísimas personas dispuestas a contribuir con su trabajo al enriquecimiento social de la ciudad para convertirla en una urbe aún más cosmopolita. Quizás el principal obstáculo sea la falta de conexión entre los distintos campos expresivos y el predominio de ciertas modas que separan entre las personas que las siguen y los que no lo hacen.
Un movimiento fuerte que aunara a personas que se dediquen a las artes plásticas, al teatro, la danza, el mundo audiovisual, la música, las letras… y que contara también con otros que, sin dedicarse direcyamente a estos temas, disfrutaran con ese ambiente, sería el inicio para que Las Palmas de Gran Canaria pasara, por fin, de ser una ciudad históricamente acomplejada, para empezar a sentirse menos idiota, orgullosa de lo que se hace dentro de sus lindes. Sería cuestión de valorar la expresión en sentido amplio, sin tener que estar siempre haciéndolo en términos de bueno o malo. Cuando se da una situación caracterizada por la aparente falta de inquietudes, lo importante es expresarse, con mayor o menor fortuna, pero expresarse al fin y al cabo. Hacer algo.
Otro movimiento que aún no he mencionado fue el producido en Manchester a inicios de los ochenta donde, apadrinados por el televisivo “Tony Wilson” y el sello discográfico “Factory Records”, unos jóvenes propiciaron el nacimiento del “acid house” y de la cultura “rave”. La frase de moda por aquel entonces era “Quiero ser de Manchester”. Quizás en un futuro cercano, la frase que se escuche por Europa, debido a la cantidad de estudiantes de fuera que han pasado aquí un inolvidable año de sus vidas sea: “Quiero ser de Las Palmas de Gran Canaria”, y es que, sería maravilloso que todos los días se convirtieran en días de Carnaval.
domingo, 7 de marzo de 2010
Conmigo, mejor, no cuentes
Publicado en la revista savanah en Septiembre de 2009
Hace unos meses recibí la invitación de un supuesto realizador televisivo para colaborar como guionista en un programa de cultura joven. Yo, como suele ser habitual en estos casos, me ilusioné mucho al poder, por vez primera, realizar un trabajo para televisión.
La invitación se produjo porque un día, cuando estaba con la distribución del quinto número de la revista que dirijo, coincidí con él en una tienda en la que suelo dejar varios ejemplares de la publicación. Con aires de cazatalentos y como si fuera un gran conocedor del tipo de muestra que yo me he propuesto abordar me dijo “¿Esta revista la haces tú?”-contestándole- “Sí, junto a una diseñadora y algunos más que se han ido sumando”.
Me comentó, también, que tenía un proyecto entre manos y que le gustaría quedar conmigo para así poder explicármelo. En la entrevista que tuvimos, aparte de felicitarme por mi trabajo editorial, me dijo que había pensado en mí como guionista de su programa juvenil-urbano. Yo accedí encantado, dejándome llevar por ese impulso-la inquietud- que me ha hecho realizar unos cuantos trabajos relacionados con las expresiones juveniles.
Mi función consistía en realizar una historia sobre el deporte del skate en Las Palmas, para lo cual intenté estar bien documentado, entrevistándome con varios protagonistas directos del inicio de este deporte en la ciudad, desplazándome a varios sitios, haciendo unas cuantas llamadas telefónicas para aclarar algunos datos…bueno, todo lo que supone elaborar un guión en condiciones, aprovechando también mi pasión y práctica desde niño de este deporte.
También le puse en contacto con varias personas que conocía y que le podían facilitar información sobre este deporte, así como con miembros de grupos musicales. Poco después me di cuenta de que había cometido un enorme error al pasarle muchos de mis contactos; no revelar tus fuentes es una de las máximas de la información, pero como mi aprendizaje en este campo discurre básicamente por el camino de la práctica, estos palos son frecuentes.
Toda esta colaboración se hacía sin ningún tipo de contraprestación económica, pero me daba igual, porque pensé que después de haber hecho mis pinitos en radio y en algunas revistas, era el momento de probar con un proyecto televisivo.
Mi decepción empezó cuando me desplacé hasta el sur de la isla para observar una entrevista que querían hacer en una escuela de baile Funky. Aparte del impactante gusto hortera con el que se decoraba el local de ensayo, una sensación de arrepentimiento me abordó cuando comprendí de qué iba todo aquello; de ser moderno a toda costa, aunque se cayera en la cutrada que supone el “rollito Fama”. Estaba claro que lo del baile Funky tendría gancho, por ser el referente de muchos niños que se tragan todo lo que ven por la tele. Pero, sinceramente, me resultó imposible creer en un proyecto que pretendía mezclar expresiones realmente creativas y urbanas como los impresionantes trabajos de un genio graffittero, los skater más destacados del puerto o las músicas de buenos grupos musicales, todo esto, con los bailes “super mega guay” de los americanizados de turno. No, por ahí si que no.
Pero no quedaba ahí la cosa, el desconocimiento de este supuesto realizador sobre todas las formas expresivas que quería abordar era absoluto, “joder, por lo menos podrías estar un poco al loro”-pensé. Yo, al igual que otros, le veníamos muy bien para compensar su falta de conocimientos a ese respecto.
Intenté desvincularme de su proyecto pero aún así elaboré el reportaje porque me había comprometido a ello. Unas semanas después me volvió a llamar preguntándome sobre grupos que considerara buenos para meter en el programa, yo le hablé de mis preferidos: Miniatura, Brutalizzed Kids, Pumuky, Rafa Valido…y le pregunté que le había parecido el texto que le había enviado. A lo que me contestó, sin disculparse por ello, y sólo porque yo se lo había preguntado, que no lo utilizaría en un principio porque quería prescindir de esa parte. Yo me quedé con cara de tonto al ver que el trabajo realizado había sido en vano. Me cabreé al no comprender cual era ya mi función en ese proyecto. Sería el primo de turno que le ayudaría siempre que me lo pidiera para recomendarle grupos musicales y hacer escritos que luego no se aprovecharían, ¡vamos hombre, por los cojones!
Siempre me he prestado para colaborar con gente que se dedica a expresarse en cualquier medio y de cualquier forma; como estos escritos que publico aquí, en savanah, y los trabajos de voluntario que realizo en alguna asociación.
Pero lo que no volveré a hacer es resolver la papeleta a alguien que después ni te lo va a agradecer ni dejará constancia de tu trabajo. Creo que para abordar estos proyectos; ya sean revistas, programas televisivos o radiofónicos, hay que hacer previamente algo tan placentero y necesario como es empaparse de información relativa al contenido temático que queremos tratar, estar documentados, informados. Y para ser urbano… hay sobre todo que pasar muchas horas en la calle, gastando muchas suelas, desgastando muchos vaqueros, observando lo que se cuece por la ciudad y actuando cuando sea necesario, sin olvidar, que el rock fue uno de los primeros movimientos musicales urbano-juveniles de las ciudades occidentales, treinta años antes de que, la también respetable, cultura hip-hop irrumpiera en las calles.
Hace unos meses recibí la invitación de un supuesto realizador televisivo para colaborar como guionista en un programa de cultura joven. Yo, como suele ser habitual en estos casos, me ilusioné mucho al poder, por vez primera, realizar un trabajo para televisión.
La invitación se produjo porque un día, cuando estaba con la distribución del quinto número de la revista que dirijo, coincidí con él en una tienda en la que suelo dejar varios ejemplares de la publicación. Con aires de cazatalentos y como si fuera un gran conocedor del tipo de muestra que yo me he propuesto abordar me dijo “¿Esta revista la haces tú?”-contestándole- “Sí, junto a una diseñadora y algunos más que se han ido sumando”.
Me comentó, también, que tenía un proyecto entre manos y que le gustaría quedar conmigo para así poder explicármelo. En la entrevista que tuvimos, aparte de felicitarme por mi trabajo editorial, me dijo que había pensado en mí como guionista de su programa juvenil-urbano. Yo accedí encantado, dejándome llevar por ese impulso-la inquietud- que me ha hecho realizar unos cuantos trabajos relacionados con las expresiones juveniles.
Mi función consistía en realizar una historia sobre el deporte del skate en Las Palmas, para lo cual intenté estar bien documentado, entrevistándome con varios protagonistas directos del inicio de este deporte en la ciudad, desplazándome a varios sitios, haciendo unas cuantas llamadas telefónicas para aclarar algunos datos…bueno, todo lo que supone elaborar un guión en condiciones, aprovechando también mi pasión y práctica desde niño de este deporte.
También le puse en contacto con varias personas que conocía y que le podían facilitar información sobre este deporte, así como con miembros de grupos musicales. Poco después me di cuenta de que había cometido un enorme error al pasarle muchos de mis contactos; no revelar tus fuentes es una de las máximas de la información, pero como mi aprendizaje en este campo discurre básicamente por el camino de la práctica, estos palos son frecuentes.
Toda esta colaboración se hacía sin ningún tipo de contraprestación económica, pero me daba igual, porque pensé que después de haber hecho mis pinitos en radio y en algunas revistas, era el momento de probar con un proyecto televisivo.
Mi decepción empezó cuando me desplacé hasta el sur de la isla para observar una entrevista que querían hacer en una escuela de baile Funky. Aparte del impactante gusto hortera con el que se decoraba el local de ensayo, una sensación de arrepentimiento me abordó cuando comprendí de qué iba todo aquello; de ser moderno a toda costa, aunque se cayera en la cutrada que supone el “rollito Fama”. Estaba claro que lo del baile Funky tendría gancho, por ser el referente de muchos niños que se tragan todo lo que ven por la tele. Pero, sinceramente, me resultó imposible creer en un proyecto que pretendía mezclar expresiones realmente creativas y urbanas como los impresionantes trabajos de un genio graffittero, los skater más destacados del puerto o las músicas de buenos grupos musicales, todo esto, con los bailes “super mega guay” de los americanizados de turno. No, por ahí si que no.
Pero no quedaba ahí la cosa, el desconocimiento de este supuesto realizador sobre todas las formas expresivas que quería abordar era absoluto, “joder, por lo menos podrías estar un poco al loro”-pensé. Yo, al igual que otros, le veníamos muy bien para compensar su falta de conocimientos a ese respecto.
Intenté desvincularme de su proyecto pero aún así elaboré el reportaje porque me había comprometido a ello. Unas semanas después me volvió a llamar preguntándome sobre grupos que considerara buenos para meter en el programa, yo le hablé de mis preferidos: Miniatura, Brutalizzed Kids, Pumuky, Rafa Valido…y le pregunté que le había parecido el texto que le había enviado. A lo que me contestó, sin disculparse por ello, y sólo porque yo se lo había preguntado, que no lo utilizaría en un principio porque quería prescindir de esa parte. Yo me quedé con cara de tonto al ver que el trabajo realizado había sido en vano. Me cabreé al no comprender cual era ya mi función en ese proyecto. Sería el primo de turno que le ayudaría siempre que me lo pidiera para recomendarle grupos musicales y hacer escritos que luego no se aprovecharían, ¡vamos hombre, por los cojones!
Siempre me he prestado para colaborar con gente que se dedica a expresarse en cualquier medio y de cualquier forma; como estos escritos que publico aquí, en savanah, y los trabajos de voluntario que realizo en alguna asociación.
Pero lo que no volveré a hacer es resolver la papeleta a alguien que después ni te lo va a agradecer ni dejará constancia de tu trabajo. Creo que para abordar estos proyectos; ya sean revistas, programas televisivos o radiofónicos, hay que hacer previamente algo tan placentero y necesario como es empaparse de información relativa al contenido temático que queremos tratar, estar documentados, informados. Y para ser urbano… hay sobre todo que pasar muchas horas en la calle, gastando muchas suelas, desgastando muchos vaqueros, observando lo que se cuece por la ciudad y actuando cuando sea necesario, sin olvidar, que el rock fue uno de los primeros movimientos musicales urbano-juveniles de las ciudades occidentales, treinta años antes de que, la también respetable, cultura hip-hop irrumpiera en las calles.
viernes, 5 de febrero de 2010
La generación perdida
Publicado en la revista savanah en Diciembre de 2008.
La irrupción de la heroína en los años ochenta supuso un drama social de enorme envergadura, llegando a alcanzar -el número de afectados- cifras de epidemia y atrapando, también en Canarias, a muchos jóvenes que caminaban despistados, ignorando al monstruo que se reía mostrando sus dientes de acero.
Con la Democracia y las consiguientes libertades, los jóvenes empezaron a disfrutar de forma más intensa del tiempo de ocio. Era el momento de hacer cosas que no habían podido hacer los de las generaciones precedentes. Pululaba, por aquel entonces, una concepción mística de la droga asociada, muchas veces, a movimientos culturales juveniles como el hippismo, el rock, lo underground, la contracultura, el pasotismo, la transgresión…donde el consumo se veía como algo sugerente, atractivo.
Este fue el caso de “la caída en el jaco” de muchos músicos, gentes de las artes, intelectuales… aunque en la mayoría de los casos el consumo de esta sustancia, más que de gentes próximas a la cultura o la contracultura, se dio en personas cercanas a la marginalidad o de barrios obreros, pero de todo hubo.
La juventud de los años de la Transición se caracterizó, entre otras cosas, por su postura abierta y propensa hacia el consumo de drogas, ayudado esto por la total desinformación, aún no se había creado el primer plan nacional sobre drogas.
En los parques, en los conciertos, en las fiestas…empezaron a ser habituales los canutos (de hachish o marihuana), los compuestos anfetamínicos que todavía se vendían en las farmacias y los ácidos lisérgicos. El consumo de drogas empezó a instaurarse en los hábitos de ocio de la juventud. En esa época todavía no se veía la típica postal del “yonqui” sucio, con mal aspecto, pidiendo dinero para su próxima dosis. Los jóvenes de aquellos tiempos no crecieron viendo espectros humanos por las calles, no existían precedentes de enganchados.
En pocos años la ciudad se empezó a llenar de seres esqueléticos, sucios y envejecidos, que pedían dinero desesperadamente, vendían klínex, limpiaban cristales en los semáforos, se inyectaban en las cabinas o en los pasadizos apartados y, cuando les entraba el mono, atracaban; bien mediante tirones o con jeringa en mano, si hacía falta, a aquel que se le pusiera por delante. Esto causó una alarma social sin precedentes en la sociedad española.
A parte de lo que observé desde niño por las calles de Triana, barrio tranquilo pero próximo a otros en los que esta sustancia hizo estragos, como San Nicolás o El Polvorín…entré en contacto de forma más directa con esta realidad cuando empecé a trabajar como voluntario en el departamento jurídico de una asociación de ayuda a la toxicomanía, situada en una de las zonas más afectados por este drama. Se trataba del barrio de San José, de gentes trabajadoras, ubicado en la parte superior del barrio fundacional de Vegueta.
La asociación estaba muy cerca de la casa del que había sido el más conocido traficante de heroína de Canarias, “el Waka”. Personaje muy nombrado en noticiarios isleños y citado, incluso, en uno de los temas de rock más conocidos de Canarias, “la prisión provincial” del grupo Los Coquillos. Allí pude observar como los supervivientes de aquellos años intentaban ganarle el pulso a la parca, presente en sus vidas desde hacía mucho tiempo, pues como dijera el escritor Leopoldo María Panero (primero junto con su amigo Eduardo Haro Ibars en dedicar varios poemas en castellano a la heroína) “la trágica pantomima del suicidio es lo que en pocas palabras formula la heroína”.
En aquel lugar me planteé, muchas veces, que hubiera sido de mí si hubiera nacido quince años antes en ese barrio… probablemente yo también hubiera sido un heroinómano y, acto seguido, un escalofrío me recorría el cuerpo. Mi paso por aquella asociación aumentó mi sensibilidad hacia los afectados por aquella situación, de la que nunca se habló en el colegio más que para demonizar al adicto y presentarlo como un ser despreciable, un mal bicho que ni la vida merecía.
También conocí a hombres de cuarenta y tantos años que en sus tiempos mozos habían tocado en grupos musicales, habían hecho programas de radio, les gustaba el surf…en fin, muchas de las cosas que yo me dedico a mostrar en la revista que dirijo. Y no me quedó más remedio que preguntarles, oliéndome la respuesta, por qué habían dejado de hacer esas cosas, recibiendo una contestación fulminante: “la puta droga”.
A finales de los noventa se produjo un descenso importante en el consumo de heroína, parecía que la juventud tenía claro lo que se jugaba con la dichosa sustancia. Las campañas informativas, las muertes, el ejemplo constante de los destructores efectos por las calles… caló hondo en la sociedad y la epidemia parecía haber remitido. Mi sorpresa fue enorme cuando hace unos meses, en la contraportada del periódico, observé una noticia sobre el aumento en el consumo de heroína en Europa, como si el tiempo hubiera hecho olvidar el drama. Se aludía a la posibilidad de que la crisis mundial llevara a mucha gente, de nuevo, hacia ese abismo. Entonces, intenté buscar lo que podría mantener a la gente alejada de aquello. Y observé que en las pasiones de muchos, se encuentra la mejor salida a la droga. Me convencí de que, si se ama a la vida, no se puede querer a la heroína.
La irrupción de la heroína en los años ochenta supuso un drama social de enorme envergadura, llegando a alcanzar -el número de afectados- cifras de epidemia y atrapando, también en Canarias, a muchos jóvenes que caminaban despistados, ignorando al monstruo que se reía mostrando sus dientes de acero.
Con la Democracia y las consiguientes libertades, los jóvenes empezaron a disfrutar de forma más intensa del tiempo de ocio. Era el momento de hacer cosas que no habían podido hacer los de las generaciones precedentes. Pululaba, por aquel entonces, una concepción mística de la droga asociada, muchas veces, a movimientos culturales juveniles como el hippismo, el rock, lo underground, la contracultura, el pasotismo, la transgresión…donde el consumo se veía como algo sugerente, atractivo.
Este fue el caso de “la caída en el jaco” de muchos músicos, gentes de las artes, intelectuales… aunque en la mayoría de los casos el consumo de esta sustancia, más que de gentes próximas a la cultura o la contracultura, se dio en personas cercanas a la marginalidad o de barrios obreros, pero de todo hubo.
La juventud de los años de la Transición se caracterizó, entre otras cosas, por su postura abierta y propensa hacia el consumo de drogas, ayudado esto por la total desinformación, aún no se había creado el primer plan nacional sobre drogas.
En los parques, en los conciertos, en las fiestas…empezaron a ser habituales los canutos (de hachish o marihuana), los compuestos anfetamínicos que todavía se vendían en las farmacias y los ácidos lisérgicos. El consumo de drogas empezó a instaurarse en los hábitos de ocio de la juventud. En esa época todavía no se veía la típica postal del “yonqui” sucio, con mal aspecto, pidiendo dinero para su próxima dosis. Los jóvenes de aquellos tiempos no crecieron viendo espectros humanos por las calles, no existían precedentes de enganchados.
En pocos años la ciudad se empezó a llenar de seres esqueléticos, sucios y envejecidos, que pedían dinero desesperadamente, vendían klínex, limpiaban cristales en los semáforos, se inyectaban en las cabinas o en los pasadizos apartados y, cuando les entraba el mono, atracaban; bien mediante tirones o con jeringa en mano, si hacía falta, a aquel que se le pusiera por delante. Esto causó una alarma social sin precedentes en la sociedad española.
A parte de lo que observé desde niño por las calles de Triana, barrio tranquilo pero próximo a otros en los que esta sustancia hizo estragos, como San Nicolás o El Polvorín…entré en contacto de forma más directa con esta realidad cuando empecé a trabajar como voluntario en el departamento jurídico de una asociación de ayuda a la toxicomanía, situada en una de las zonas más afectados por este drama. Se trataba del barrio de San José, de gentes trabajadoras, ubicado en la parte superior del barrio fundacional de Vegueta.
La asociación estaba muy cerca de la casa del que había sido el más conocido traficante de heroína de Canarias, “el Waka”. Personaje muy nombrado en noticiarios isleños y citado, incluso, en uno de los temas de rock más conocidos de Canarias, “la prisión provincial” del grupo Los Coquillos. Allí pude observar como los supervivientes de aquellos años intentaban ganarle el pulso a la parca, presente en sus vidas desde hacía mucho tiempo, pues como dijera el escritor Leopoldo María Panero (primero junto con su amigo Eduardo Haro Ibars en dedicar varios poemas en castellano a la heroína) “la trágica pantomima del suicidio es lo que en pocas palabras formula la heroína”.
En aquel lugar me planteé, muchas veces, que hubiera sido de mí si hubiera nacido quince años antes en ese barrio… probablemente yo también hubiera sido un heroinómano y, acto seguido, un escalofrío me recorría el cuerpo. Mi paso por aquella asociación aumentó mi sensibilidad hacia los afectados por aquella situación, de la que nunca se habló en el colegio más que para demonizar al adicto y presentarlo como un ser despreciable, un mal bicho que ni la vida merecía.
También conocí a hombres de cuarenta y tantos años que en sus tiempos mozos habían tocado en grupos musicales, habían hecho programas de radio, les gustaba el surf…en fin, muchas de las cosas que yo me dedico a mostrar en la revista que dirijo. Y no me quedó más remedio que preguntarles, oliéndome la respuesta, por qué habían dejado de hacer esas cosas, recibiendo una contestación fulminante: “la puta droga”.
A finales de los noventa se produjo un descenso importante en el consumo de heroína, parecía que la juventud tenía claro lo que se jugaba con la dichosa sustancia. Las campañas informativas, las muertes, el ejemplo constante de los destructores efectos por las calles… caló hondo en la sociedad y la epidemia parecía haber remitido. Mi sorpresa fue enorme cuando hace unos meses, en la contraportada del periódico, observé una noticia sobre el aumento en el consumo de heroína en Europa, como si el tiempo hubiera hecho olvidar el drama. Se aludía a la posibilidad de que la crisis mundial llevara a mucha gente, de nuevo, hacia ese abismo. Entonces, intenté buscar lo que podría mantener a la gente alejada de aquello. Y observé que en las pasiones de muchos, se encuentra la mejor salida a la droga. Me convencí de que, si se ama a la vida, no se puede querer a la heroína.
viernes, 8 de enero de 2010
La juventud, la noche, las copas...
Publicado en la revista savanah en Septiembre de 2008
El primer recuerdo que tengo acerca de las noches de marcha en Las Palmas de Gran Canaria es cuando iba a comer los domingos por la mañana a casa de mi abuela, en la calle Mariana Pineda, en la zona del Puerto.
Era la época de mayor intensidad nocturna en aquellas calles, emblema del despertar juvenil nocturno en los años ochenta, y el paisaje lo dejaba bastante claro. Ríos de meadas que había que sortear debido a su gran caudal estancado, soltaban un insoportable olor exaltado por los rayos solares.
Vasos de tubo en las aceras, en los huecos de las ventanas, encima de los coches…con varios niveles de bebida- muchos con cucarachas ahogadas en su interior- evidenciaban lo que había sucedido unas horas antes. A ésto, se sumaban botellas vacías-algunas rotas en mil pedazos-bolsas, cientos de colillas, cartones… algún joven despistado caminaba perdido, dando tumbos, mostrando la peor cara de la noche que ya había terminado.
Cuando esto sucedía, yo era un niño al que todavía le faltaban unos cuantos años para empezar a salir por las noches, pero quedé fascinado por la romántica decadencia que observaba y por las siguientes palabras que escuchaba a los mayores: “¡Ay! la juventud, la noche, las copas”, que no hacían sino introducir aún más misterio a aquella postal.
En España, la costumbre de beber en la calle, tal y como la conocemos hoy en día, arrancó con la Democracia, momento en el cual la juventud empezó a conquistar nuevos espacios, produciéndose un despiste por parte de los vigilantes de la moral pública, que tardaron unos veinte años en reprimir esta práctica.
Después el botellón se generalizó y se intensificó. En los años noventa este fenómeno llegó a su cénit. En Las Palmas hubo botellones memorables como los del Parque Romano, Las Alcaravaneras, el Parque Blanco… Cientos de jóvenes, como yo, comenzaron a salir por las noches repitiendo un ritual; quedar en algún supermercado, gasolinerea o 24 horas, comprar una o varias botellas de alcohol, refrescos, vasos de plástico, hielo…y acudir a la zona señalada; en las que no sólo se bebía y fumaba, sino que se hacían amistades, se charlaba, reía y también se ligaba.
Por esta razón, no es de extrañar, que muchos conserven un grato recuerdo del botellón, inmortalizado magistralmente en las ilustraciones de “ceesepe”, icono de la movida madrileña. -movimiento que tuvo su máxima expresión en la noche y en el espacio público como lugar en el que se hacía visible la juventud-.
Hoy suelo recordar, con los colegas, las ventajas que suponía beber en la calle, sobre todo cuando al pedir un cubata me quedo asombrado por lo que me cobran, noto que la bebida está adulterada y el calor del local me resulta insoportable. Más en una ciudad como Las Palmas de Gran Canaria, en la que se puede pasar horas en la calle en cualquier época del año.
Pero es importante, también, advertir de los daños que la noche entraña. La mayoría de los jóvenes suelen estar advertidos sobre los peligros de la droga en general, pero poco se suele comentar acerca del alcohol, principal droga de consumo y abuso entre los jóvenes y verdadera droga puente.
Aparte de los comentarios básicos de no beber con el estómago vacío, procurar no mezclar las bebidas, beber despacio y siendo consciente en todo momento de la cantidad de alcohol que se ingiere…siempre llegaba el momento en el que uno recibía el golpe de Baco y caía, sin remedio, en los abismos de la intoxicación etílica. Era el momento, también, del espectáculo lamentable, intolerable para muchos, en el que se vomitaba tirado en cualquier parte mientras alguna persona de mayor edad comentaba: ¡Ay! la juventud, la noche, las copas.
Mucho se ha hecho para hacer desaparecer los botellones en la mayoría de las ciudades españolas, esto ha producido cambios importantes en los ambientes nocturnos. En la mayoría de los casos, se ha ganado en tranquilidad y los vecinos de las zonas de marcha han podido al fin descansar. Pero muchos parques y callejones han perdido el murmullo atroz de la noche, el aullido de las jaurías de jóvenes, el grito de la juventud que se esfuma entre cubatas. Innecesario y molesto para muchos, pero tan arraigado ya, que hacerlo desaparecer ha sido como dejar huérfana a la noche.
El primer recuerdo que tengo acerca de las noches de marcha en Las Palmas de Gran Canaria es cuando iba a comer los domingos por la mañana a casa de mi abuela, en la calle Mariana Pineda, en la zona del Puerto.
Era la época de mayor intensidad nocturna en aquellas calles, emblema del despertar juvenil nocturno en los años ochenta, y el paisaje lo dejaba bastante claro. Ríos de meadas que había que sortear debido a su gran caudal estancado, soltaban un insoportable olor exaltado por los rayos solares.
Vasos de tubo en las aceras, en los huecos de las ventanas, encima de los coches…con varios niveles de bebida- muchos con cucarachas ahogadas en su interior- evidenciaban lo que había sucedido unas horas antes. A ésto, se sumaban botellas vacías-algunas rotas en mil pedazos-bolsas, cientos de colillas, cartones… algún joven despistado caminaba perdido, dando tumbos, mostrando la peor cara de la noche que ya había terminado.
Cuando esto sucedía, yo era un niño al que todavía le faltaban unos cuantos años para empezar a salir por las noches, pero quedé fascinado por la romántica decadencia que observaba y por las siguientes palabras que escuchaba a los mayores: “¡Ay! la juventud, la noche, las copas”, que no hacían sino introducir aún más misterio a aquella postal.
En España, la costumbre de beber en la calle, tal y como la conocemos hoy en día, arrancó con la Democracia, momento en el cual la juventud empezó a conquistar nuevos espacios, produciéndose un despiste por parte de los vigilantes de la moral pública, que tardaron unos veinte años en reprimir esta práctica.
Después el botellón se generalizó y se intensificó. En los años noventa este fenómeno llegó a su cénit. En Las Palmas hubo botellones memorables como los del Parque Romano, Las Alcaravaneras, el Parque Blanco… Cientos de jóvenes, como yo, comenzaron a salir por las noches repitiendo un ritual; quedar en algún supermercado, gasolinerea o 24 horas, comprar una o varias botellas de alcohol, refrescos, vasos de plástico, hielo…y acudir a la zona señalada; en las que no sólo se bebía y fumaba, sino que se hacían amistades, se charlaba, reía y también se ligaba.
Por esta razón, no es de extrañar, que muchos conserven un grato recuerdo del botellón, inmortalizado magistralmente en las ilustraciones de “ceesepe”, icono de la movida madrileña. -movimiento que tuvo su máxima expresión en la noche y en el espacio público como lugar en el que se hacía visible la juventud-.
Hoy suelo recordar, con los colegas, las ventajas que suponía beber en la calle, sobre todo cuando al pedir un cubata me quedo asombrado por lo que me cobran, noto que la bebida está adulterada y el calor del local me resulta insoportable. Más en una ciudad como Las Palmas de Gran Canaria, en la que se puede pasar horas en la calle en cualquier época del año.
Pero es importante, también, advertir de los daños que la noche entraña. La mayoría de los jóvenes suelen estar advertidos sobre los peligros de la droga en general, pero poco se suele comentar acerca del alcohol, principal droga de consumo y abuso entre los jóvenes y verdadera droga puente.
Aparte de los comentarios básicos de no beber con el estómago vacío, procurar no mezclar las bebidas, beber despacio y siendo consciente en todo momento de la cantidad de alcohol que se ingiere…siempre llegaba el momento en el que uno recibía el golpe de Baco y caía, sin remedio, en los abismos de la intoxicación etílica. Era el momento, también, del espectáculo lamentable, intolerable para muchos, en el que se vomitaba tirado en cualquier parte mientras alguna persona de mayor edad comentaba: ¡Ay! la juventud, la noche, las copas.
Mucho se ha hecho para hacer desaparecer los botellones en la mayoría de las ciudades españolas, esto ha producido cambios importantes en los ambientes nocturnos. En la mayoría de los casos, se ha ganado en tranquilidad y los vecinos de las zonas de marcha han podido al fin descansar. Pero muchos parques y callejones han perdido el murmullo atroz de la noche, el aullido de las jaurías de jóvenes, el grito de la juventud que se esfuma entre cubatas. Innecesario y molesto para muchos, pero tan arraigado ya, que hacerlo desaparecer ha sido como dejar huérfana a la noche.
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